Hablemos de I+D

Anna Clua: «El precariado puede impulsar formas alternativas de organizar la sociedad»

30/01/2018
Rubén Permuy
UOC R&I talk con la investigadora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación

¿Cuál es tu trayectoria académica?

Soy licenciada y doctora en Ciencias de la Información y de la Comunicación por la Universitat Autònoma de Barcelona. Después de hacer un posdoctorado de Geografía Humana, empecé a impartir clases sobre teorías de la comunicación y enseguida pude sumarme al equipo de la UOC. Desde el punto de vista docente, me he especializado en el ámbito de la teoría de la comunicación, y desde el de la investigación, en realidades urbanas, medios de comunicación comunitarios y desigualdades sociales. Actualmente, estoy en un proyecto sobre juventud y participación política.

¿En qué consiste EURYKA, uno de tus principales proyectos de investigación?

EURYKA es un proyecto europeo, con la participación de instituciones de nueve países, centrado en el análisis de cómo la juventud de hoy en día tiene acceso a la esfera pública, como participantes y actores políticos, y la forma en la que las desigualdades sociales pueden impedir o fomentar esta participación. En el caso específico del paquete de trabajo que lideramos desde la UOC, observamos de qué forma el uso de las redes sociales puede ofrecer estos espacios de empoderamiento o de limitación de la participación de los jóvenes.

¿Cuál es el objetivo del proyecto?

Engloba tanto el análisis de cómo se expresan estos jóvenes políticamente como el papel de las instituciones y de las políticas de fomento de esta participación, dentro de lo que es la Administración. El objetivo final de este proyecto sería elaborar un diagnóstico de cómo estamos en estos distintos países. Si existe desigualdad entre territorios, por ejemplo, del norte de Europa respecto al sur. También queremos establecer cuál es la dinámica en cada país para hacer una propuesta de posibles acciones que puedan llevarse a cabo por parte de los gobiernos para que los jóvenes puedan participar en términos de igualdad.

¿Solo se analiza la participación en línea?

No se intenta establecer qué diferencia existe entre la participación en línea y fuera de línea, porque se parte del supuesto de que cuando estás en red, o en acciones en las que quizás te comunicas con tecnología, a la hora de organizarte lo haces como en una asamblea presencial. El cara a cara y la presencia física en las calles son importantes. Sí que hay diferentes tipos de acciones y campañas; algunas solo son en línea y otras, fuera de línea. Tenemos que ver si los jóvenes participan más en una modalidad que en la otra, pero me alejaría de intentar generalizar y de intentar evitar pensar que los nativos digitales solo se movilizan de forma individual en una campaña en línea. Hay bastantes muestras de movilización en las calles de forma muy contundente y con bastante eco en cuanto a la opinión pública. Debemos explorar de qué forma estas nuevas tecnologías y los dispositivos móviles pueden dar pie a una expansión de este trabajo en red, pero no limitarlo al dispositivo en sí.

¿El aumento de la participación de los jóvenes es un fenómeno global?

Es un fenómeno global, pero va más allá. Es histórico que los jóvenes sean actores políticos. La edad de madurez en la que una persona puede expresarse políticamente o puede emprender alguna acción para el bien común puede variar. Es un debate interesante: a qué edad se cree que nos consideramos aptos, por ejemplo, para votar. Puede variar entre países, no es global. Es más una cuestión histórica y no es tan reciente. Siempre ha ocurrido. Las personas, desde que tienen uso de razón y responsabilidades, disponen de capacidad para pensar en términos políticos.

¿Nos recomiendas un libro de tu ámbito?

He elegido Precariado: la nueva clase social, de Guy Standing, que he leído hace poco y que me ha gustado porque, en el marco del proyecto EURYKA, he estado revisando literatura sobre la juventud y muchos estudios se enmarcan en que la crisis económica está produciendo una generación de personas que no tienen las mismas oportunidades ni de participar en la esfera pública, ni de acceder a un puesto de trabajo, ni de acceder a la autonomía personal y social que las generaciones anteriores. Estudios que ponen el dedo en la llaga en relación con que está creándose una nueva generación apática respecto al cambio del statu quo, puesto que no tiene recursos, se ha visto desposeída. Existen estudios más críticos que afirman que la juventud sí tiene recursos para ir más allá de esta anomia con la que se los identifica. Me interesa mucho esta otra línea. Y Standing parte de la reivindicación del precariado como clase social, que no solo afecta a los jóvenes, sino a mucha otra gente en nuestra sociedad, que se ve abocada a quedarse relegada en segundo término en un mundo competitivo neoliberal. Standing defiende que este grupo de expulsados del sistema productivo pueden pensar formas alternativas de estructurar la sociedad alrededor no solo del acceso al mundo laboral, sino de la capacidad de dinamizar el mundo de otro modo. El autor analiza otras formas de pensar las relaciones laborales y el papel de esta fuerza de trabajo en la sociedad, y es revulsivo al afirmar que todo nos viene dado por este patrón neoliberal de funcionamiento, por el que, si no te integras, eres expulsado o te precarizas. Se trata de pensar el modo de que la precarización te dé alas para ir más allá.

¿Está suficientemente valorada la investigación en ciencias sociales?

El problema es la falta de financiación. Cuando hay recortes en la investigación, los primeros en sufrirlos somos los de las ciencias sociales y humanas. Sobre la percepción social de la actividad, si cuando te preguntan «¿qué haces?» solo aclaras que eres investigadora, no se entiende. En cambio, si añades que eres profesora, sí. Cuando dices «soy investigadora social o hago investigación en el ámbito de las ciencias sociales», tienes que explicar muy bien qué quiere decir y qué consecuencias tiene. O sea, qué utilidad tiene y para qué sirve. ¿Podrá servir para que el gobierno de turno cambie la forma de hacer políticas para mejorar una situación concreta? A veces no. En las ciencias sociales también hay muchos modos de hacer investigación. Por un lado, existe la investigación de cumplir con la papeleta según la cual te toca hacer este proyecto, lo terminas, redactas el informe, haces las publicaciones pertinentes y se acaba el trabajo. Y por el otro, la investigación sobre los temas relacionados con tus inquietudes, que a mí me gusta pensar que es en la que estoy participando, en la cual se analiza cómo se aborda la parte más intensa, que para mí es la más interesante: el trabajo de campo.

No pienso tanto que sea una cuestión de conciencia de la gente, sino de prioridades de financiación de los gobiernos de turno. El hecho de que las ciencias sociales siempre hayan estado menos financiadas respecto a las otras es histórico. Es un pez que se muerde la cola, porque si se dan más recursos a otro tipo de investigación, implica que la social sea menos notoria. Esta es la realidad, no que la gente de la calle no nos reconozca el trabajo. Cuando haces trabajo de campo notas que hay reconocimiento, porque en el fondo hablas de lo que vive la gente en el día a día.