Diego Redolar, neurocientífico: «La industria usa la neurociencia para entender nuestro comportamiento»

27/11/2017
Rubén Permuy
UOC R&I Talk

¿Cuál es tu trayectoria académica y profesional?

Estudiando la carrera de Psicología, vi que me gustaba la biología y cursé asignaturas de esta segunda titulación. Comprobé que me gustaba mucho el ámbito del sistema nervioso y decidí cursar un máster de neurociencias en la Universitat Autònoma de Barcelona y paralelamente otro de estadística. Entonces empecé la carrera investigadora cursando un doctorado de neurociencias y estuve varios años en Canadá dedicándome a la investigación. Luego volví a la UAB y en 2005, cuando salió una plaza de profesor en la UOC, me incorporé a esta universidad.

Eres investigador principal del grupo Cognitive NeuroLab en la UOC: ¿en qué ámbito está especializado?

Es un grupo interesado en discernir las bases neurales de los procesos cognitivos. Nos interesan procesos como el aprendizaje en la memoria o las funciones ejecutivas, todo lo que podría entroncar con un eje vertebral que se denomina control cognitivo. Hay muchos aspectos que pueden estudiarse: la memoria, la atención, la toma de decisiones, la teoría de la mente, que es la capacidad que tenemos de ponernos en el lugar de otras personas, pero sobre todo lo que nos interesa es tratar de averiguar las bases neurales que están detrás de estos procesos, es decir, ver cómo reclutamos las distintas áreas del cerebro, cómo están organizadas, cómo se conectan, para posibilitar estas funciones cognitivas.

Sobre este ámbito de entender nuestras tomas de decisiones, tenéis un proyecto financiado por el Ministerio.

En la principal línea de investigación que tenemos, hace años que llevamos a cabo varias investigaciones financiadas fundamentalmente por distintos proyectos del Ministerio. Lo que nos ha interesado mucho es ver como en el cerebro existen dos redes, una más dorsal, que está en la parte superior de la corteza cerebral, y otra que es más ventral. La red que es más dorsal es muy importante para las funciones ejecutivas de toda la parte de razonamiento, mientras que la red que es más ventral está muy relacionada con las emociones y, sobre todo, con la acción de adecuarlas al contexto en que está la persona, que puede ser social, normativo, etc. Nos interesa tratar de disociar el papel de estas dos redes en el control cognitivo. Creemos que la red dorsal es la que nos posibilita toda la parte ejecutiva y la parte ventral, el procesamiento emocional. En los distintos proyectos, lo que vemos es como las emociones pueden interferir en la memoria de trabajo. Básicamente, lo que hacemos nosotros en el laboratorio es activar o inactivar varias regiones del cerebro, de una manera no invasiva en participantes sanos, sin ninguna patología, para ver durante diez o quince minutos si la región que hemos inactivado es importante para la tarea que llevamos a cabo en el laboratorio. Lo hacemos con las técnicas de estimulación cerebrales no invasivas, que nos permiten generar lo que se llama una lesión virtual: hacemos que una determinada zona del cerebro esté sin funcionar durante unos minutos, el tiempo suficiente para hacer las pruebas cognitivas y ver realmente si esta región es importante para la función que medimos. Por ejemplo, imaginemos que inactivamos el área que se encarga de la producción del lenguaje, aunque realmente no lo hacemos. La persona participante estaría sin poder hablar durante diez o quince minutos, porque esta región es muy importante para la producción. Hacemos algo muy parecido pero vinculado a estos aspectos relacionados con el control cognitivo.

¿El cerebro sigue siendo el gran desconocido?

Afortunadamente para nosotros, que trabajamos en neurociencia, sobre todo del encéfalo, sabemos muchas cosas, aunque todavía nos falta mucho por averiguar y por profundizar. Especialmente cuando entramos en los procesos cognitivos nos falta mucha información, ya que todavía queda mucho camino por recorrer. Durante los próximos años pueden ponerse en marcha muchos proyectos que rayan la frontera de la ciencia que casi parece ficción. Hoy en día, la tecnología avanza mucho y nos permite estar donde hace quince años habría sido imposible llegar, lo que nos permite obtener datos muy interesantes.

¿Por qué es tan complicado adentrarse en lo que queda por descubrir del sistema nervioso?

Podemos estudiar el sistema nervioso con varias perspectivas. Por ejemplo, hay expertos más dedicados a la parte molecular. En este campo, por ejemplo, para entender el comportamiento de comunicación de dos neuronas se toman dos en un modelo y así puede verse cómo se comunican. En la anatomía más macroscópica, podemos decir que este grupo de neuronas está conectado y podemos estudiar aspectos vinculados de diferentes redes y tener conocimiento sobre lo que es la parte más anatómica de la conectividad estructural. En cuanto a las funciones, puedes estudiar el aprendizaje o las emociones, intentando ver cuáles son las regiones que nos permiten tener estas capacidades. Se puede estudiar, pero para explicar este fenómeno hay mucha complejidad. Existen funciones más fáciles de estudiar y otras que son más complicadas. Por ejemplo, unas funciones complicadas son la creatividad y la conciencia, estudiando las bases neurales. Hay muchos neurocientíficos que cuando estudian la conciencia ponen en cuestión la posibilidad de entender sus bases neurales, porque nuestro cerebro no está preparado para comprenderlas. Desde la propia neurociencia nos damos cuenta de nuestras limitaciones, porque llegamos a procesos en los que las bases están limitadas, con las técnicas de las que disponemos actualmente.

La neurociencia es una disciplina muy transversal, ¿verdad?

La neurociencia es una de las disciplinas más transversales. De hecho, ya se ve en formación de grado. La mayoría de países no tienen grados de este ámbito, salvo excepciones como Holanda, con una licenciatura de neurobiología. Lo que es más común son las distintas formaciones básicas de grado como medicina, psicología, biología, con especializaciones de neurociencias a nivel de máster o doctorado. Esto explica por qué en un laboratorio de neurociencia encontramos psicólogos, médicos, biólogos, informáticos o físicos, e incluso expertos del ámbito de la economía, porque cuando intentamos averiguar las funciones más complejas de la toma de decisiones, la creatividad o la conciencia, debemos intentar abordar el fenómeno desde una disciplina amplia. Si estudiamos la toma de decisiones, es importante entender la anatomía, la conectividad, pero también cómo tomamos decisiones en diferentes situaciones. Y lo que enriquece es un laboratorio de neurociencia con profesionales de distintas áreas y disciplinas para dar una visión más integral del cerebro, lo que es bastante complicado.

¿La tecnología es determinante en los progresos de la neurociencia?

En neurociencia, la tecnología es uno de los factores críticos. Si hablamos de las técnicas que se empezaron a aplicar para estudiar el funcionamiento del cerebro en vivo, que comenzaron en los setenta, la progresión en la obtención del conocimiento ha sido tremenda sobre todo en los últimos cinco años. Hemos presenciado un gran cambio tecnológico en técnicas no solo de neuroimagen, sino también de genética. Todo esto nos ofrece actualmente una cantidad de información que es complicado de tomar, integrar y relacionar en distintos ámbitos del funcionamiento del sistema nervioso. Es una de las tareas que tenemos, intentar tomar toda esta información para dar una explicación más global. Afortunadamente, existen proyectos que intentan de alguna manera aglutinar esfuerzos para explicar cuestiones más globales. El proyecto Brain de Estados Unidos o el del Conectoma humano van en esta línea. Se intentan aprovechar varias tecnologías que se utilizan en distintos grupos de investigación. Esto va un poco en contra de las presiones que tenemos los científicos, tanto en la academia como en la investigación, de publicar. O publicas o no eres nadie y no puedes progresar. Y para publicar debes tener información nueva, que guste a la revista, que pueda publicarse... Muchas veces hay una reticencia a compartir datos por esta presión. Se hace un esfuerzo por trabajar de una forma más colaborativa y que los datos no sean de nadie, sino que estén al alcance de todos. Y, por supuesto, esto puede redundar en beneficio de las publicaciones. Porque tener acceso a datos de otros grupos, según cómo se utilicen, influirá en publicaciones de tu grupo y, lo que es más importante, ayudará al conocimiento de lo que nos interesa: entender el funcionamiento de nuestro cerebro.

¿El futuro de las publicaciones científicas pasa por el acceso abierto?

Estoy totalmente de acuerdo; en la neurociencia lo más habitual es publicar en acceso abierto. Para publicar en cualquier revista de neurociencia, tienes que pagar. Por ejemplo, un artículo puede costar entre 3.000 y 5.000 euros. Cuando solicitas proyectos, cuentas con una partida para pagar las publicaciones, porque es una de las formas de impulsar que la ciencia llegue a todos y que no sea solo para las universidades. En neurociencia se ha hecho esta apuesta y la mayoría de grandes editoriales con revistas de este ámbito derivan hacia el acceso abierto. Uno de los aspectos que ha cambiado la trayectoria ha sido la aparición de conjuntos de revistas como Frontiers, que incorpora muchas publicaciones en el ámbito de la neurociencia y tiene la política de que sean de acceso abierto. Están muy bien valoradas y cuentan con un índice de impacto que está bien. En el momento en que hay revistas muy bien valoradas, con una decisión editorial muy crítica, con revisores muy buenos y rígidos con vistas a la publicación, pero todo en abierto, se potencia la dinámica de los investigadores de optar por el acceso abierto. Es importante. Afortunadamente, desde hace cinco años ha habido un cambio muy importante hacia el acceso abierto y actualmente es lo que es normal.

¿Tenemos que preocuparnos de los posibles intereses comerciales derivados de entender cuestiones como la memoria?

La neurociencia es muy importante no únicamente en el ámbito del negocio, sino también en el legal. Explicaré dos aspectos, uno positivo y otro negativo. El positivo es que, en relación con la memoria, lo que sabemos de las bases neurales y de cómo funciona nuestro cerebro se utiliza en el ámbito legal para la memoria de testigos. Es muy importante porque hay errores que dependen del funcionamiento de estructuras importantes de la consolidación de la memoria, como el hipocampo o la corteza prefrontal. Sabemos cómo operan estos errores y cómo funcionan. Esto, si se aplica en el campo de la legalidad, puede ayudar a seleccionar un testigo y tener herramientas para poder corroborar si es o no es válido. Y la neurociencia en este ámbito proporciona mucha información. Aquí no se utiliza, pero en Estados Unidos sí que se aplica en la memoria de testigos. La parte negativa es que en neurociencia existen muchos estudios vinculados con la cognición social, por ejemplo, un estudio que se publicó recientemente en relación con la confianza o desconfianza que genera un rostro. Sabemos cuáles son las estructuras que son críticas para esta percepción de confianza. A veces nos encontramos con alguien de quien no tenemos información y que no nos genera confianza. Hay varios rasgos del rostro que activan diferentes regiones, como la amígdala y la ínsula, que hacen que nos genere confianza o desconfianza: por ejemplo, rostros que son más simétricos, rostros que tienen dientes más cortos, más largos... En la política puede dar una información importante sobre si un candidato genera confianza o no y en este sentido se aplica en Estados Unidos. También se hace en el ámbito económico. Cuando tomamos decisiones, las cortezas nos ayudan a tomarlas. La corteza prefrontal intenta elegir la estrategia que considera más adecuada para tomar una decisión, pero a veces puede manipularse. Por ejemplo, si vamos al cine y nos dan las opciones de comprar un cubo de palomitas de tres euros y otro de siete: según los estudios, la mayor parte compraría el de tres, ya que tenemos suficientes palomitas, nos hemos gastado dinero en la entrada y no nos comeremos la cantidad de palomitas tan grande que tiene el cubo de siete euros. Pero si ofreces un cubo de tres euros, otro de seis y medio y uno de siete, la mayoría cogerá el de siete porque hace un razonamiento diferente: por cincuenta céntimos tiene el doble de palomitas. Así es como funciona la corteza prefrontal dorsolateral. Realiza este tipo de razonamiento y al final optamos por comprar el de siete euros, y no lo haríamos si no tuviéramos el de seis y medio. La industria lo sabe y también utiliza estudios de neurociencia para ver realmente cómo funciona el cerebro y la decisión de compra. Estudian cómo tienen que disponerse los productos para que compremos lo que realmente les interesa. Cuando vamos al cine o a un restaurante, se impulsa que lo hagas de acuerdo con tu elección, que parece libre, pero al final está configurada por las opciones que tienes delante.

¿Nos recomiendas un libro sobre neurociencia?

Aprender, recordar y olvidar: claves cerebrales de la memoria y la educación, de Ignacio Morgado. Explica de una forma muy clara cómo nuestro cerebro nos posibilita adquirir y almacenar la información y facilita los recuerdos. La memoria es un tema que interesa, sobre todo si pensamos en el alzhéimer o alteraciones que nos preocupan hoy en día.